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DEL CARNAVAL DE TILCARA.
Pulseando con la tonada
como si me rescatara,
casi mascando un recuerdo
bajé silbando esta zamba
que se me voló en el puente
recién entrando a Tilcara.
Prendida de mi sombrero
como lunita de escarcha,
quien sabe si sos consuelo,
quien sabe si sos palabra,
sólo escuché en mis oídos
como un susurro: Tilcara.
Que pena, es poquito el río,
que pena, se cerca el alba,
se miran los bailarines
cuando la zamba se acaba
pintando con sus pañuelos
la picardía en tu cara.
Pechándole al cerro Negro
con el sayal de la caja
me regalaste el lucero
cuando la noche se espanta,
preñándole aclareceres
que son faldas de Tilcara.
Si por cosas de esta vida
te me volvieras nostalgia,
quisiera que con el día
que se haga viento mi alma,
como quien no dice nada
diga tu nombre y me vaya.
Que pena, es poquito el río,
que pena, se cerca el alba,
se miran los bailarines
cuando la zamba se acaba
pintando con sus pañuelos
la picardía en tu cara.
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